¿Cuál es tu estado de ánimo preferido?

Posted on febrero 5, 2017

¿Cuál es tu estado de ánimo preferido?

Atención, la pregunta no es cuál es tu estado de ánimo habitual, sino aquél en el que tú te sientes a gusto, que te genera buenas sensaciones. A  muchos, la pregunta podrá parecerles una perogrullada y responderán que se sienten bien cuando están alegres, de buen humor, eufóricos, incluso enamorados. Y eso es así porque consideran que son estados de ánimo ‘positivos’, en contraposición a otros ‘negativos’ tales como pueden ser la tristeza, la nostalgia o la melancolía.

No hay un consenso firme entre los psicólogos a la hora de clasificar los estados de ánimo según el binomio positivo-negativo. Es evidente que los extremos son patológicos, como la depresión y la manía, la bipolaridad. Pero existe un abanico intermedio de estados de ánimo que, si no acaban afectando a las relaciones personales, laborables o a la salud del propio individuo, pueden proporcionar placer.

Por otra parte, un estado de ánimo, a diferencia de una emoción, es algo ‘regulable’. La emoción surge de repente, suele ser intensa, de difícil control y de corta duración. Un estado de ánimo es una situación emocional menos intensa, más permanente y que, en cierta medida,  podemos estimular o aplacar por medio de pensamientos o acciones. Por tanto, si uno se siente cómodo en un cierto estado de ánimo, puede alimentarlo de muchas maneras.

Pongamos como ejemplo mi estado de ánimo favorito: la melancolía. ¿Un estado negativo? No lo creo, en absoluto. Víctor Hugo definía la melancolía como ‘la felicidad de estar triste’. Para mí la melancolía es un sentimiento íntimamente ligado a la memoria, en el que existe un dolor permitido provocado por aquello que sucedió o que viví, y que soy consciente de que no podré recuperar. En mi caso, lo positivo de este estado de ánimo consiste en el placer de evocar una determinada situación, aunque sea por un tiempo limitado, que formó parte de mi vida. No es un echar de menos, ni un sufrir por lo perdido, se trata de recrear un fragmento de mi historia que se halla alojado en el saco de los recuerdos. Es una situación similar a la que se produce al sentarse uno en un sofá y abrir un álbum de fotos de hace 20 o 30 años.

Hay muchas maneras de potenciar un estado de ánimo determinado. Dejando aparte las químicas (¡cuidado, algunas tienen demasiados efectos secundarios!), podemos alimentarlo escuchando una determinada música, leyendo un libro, yendo a ver cierto tipo de cine, visitando algún lugar especial.

Cualquier medio de expresión artística puede convertirse en una herramienta para mostrar un estado de ánimo, incluida la fotografía. Para sentirme cómodo fotografiando necesito cierta soledad. La soledad me proporciona concentración en lo que hago y conexión con el entorno y, además, potencia la melancolía. También la potencian los días brumosos y algo fríos, un cielo encapotado, el silencio de una nevada, la niebla… Todos estos elementos combinan perfectamente con hayedos centenarios, lagos en calma, playas agrestes y desiertas, elementos aislados tales como árboles, vallas, puentes, edificios y construcciones decadentes, etc.

Mirad el portfolio de Michael Kenna. Independientemente de si os gusta o no, ¿no os transporta a la melancolía? Bueno, podemos pensar que Kenna es un fotógrafo de prestigio que gana mucho dinero y puede dedicarse a la fotografía a tiempo completo, buscando lugares especiales y recorriéndolos en épocas del año que favorecen su estilo y sin límite de tiempo. Él seguramente procura reunir estas condiciones, pero también es capaz de inspirar melancolía a pleno sol, en un lugar sin especial encanto y en casi cualquier circunstancia. Tiene interiorizado lo que quiere expresar y lo pre-visualiza con poco esfuerzo. Esta es también una de mis metas. Como lo ha hecho Chema Madoz con el humor, o Helmut Newton con la sensualidad, o Franco Fontana con la vitalidad a través de su color.

Las fotografías de esta escapada reciente pertenecen a Venecia. Es ya la quinta visita que hago a esta maravillosa ciudad. Como ya he dicho, me gusta mucho la decadencia arquitectónica y Venecia en invierno es el paraíso de esa decadencia que tanto me conecta a la melancolía. Por eso es un lugar recurrente para mí, alimenta ese pequeño placer de la nostalgia.

Pienso que tratar de averiguar nuestro estado de ánimo preferido puede ser un ejercicio interesante. Si logramos conocer lo que mueve nuestro interior, podremos realizar fotografías que generen emociones en los que las contemplan. Al fin y al cabo es para lo que sirve el arte, para recordar al espectador y al artista que están vivos.

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