Sakoneta

Posted on septiembre 23, 2015

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Una de las cosas que más me estimula es curiosear en las entrevistas, conversaciones y reportajes de fotógrafos importantes. Navegando por la red (ahora está de moda decir ‘googleando’) aparecen muchas, ya sea en formato vídeo, ya sea en formato lectura.
Cuando uno accede a las experiencias de esos genios observa como, pese a la insistencia de los entrevistadores, apenas hablan de técnica o equipo y, en cambio, hablan mucho de aquello que fotografían. Todos ellos son capaces de realizar una buena fotografía de un sujeto cualquiera. De hecho, muchos viven de fotografiar temas muy variados. Pero lo que hace que trascienda su obra, lo que diferencia la corrección de la excelencia radica en fotografiar aquello que aman.
Descubrir lo que uno ama, aquello que realmente nos motiva, no siempre resulta fácil. Hay personas que tienen una gran facilidad para ello, pero las hay que están pobremente entrenadas en la introspección y no logran averiguarlo. Por mi parte, debo reconocer que no soy un virtuoso de la introspección, pero lo que sí he comprobado es que, para poner tu alma en algo (una fotografía, por ejemplo), primero tienes que amarlo, admirarlo.

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La playa de Sakoneta es, para mí, un templo de recogimiento. Algo similar es lo que me provoca As Catedrais. En ambas confluyen dos temas que me motivan enormemente, tanto desde el punto de vista personal como fotográfico: la geología y el mar. Las descubrí hace ya años y cada cierto tiempo noto en mi interior la necesidad de volver a visitarlas. No me canso de pasear por ellas, ni de fotografiarlas, a ser posible en la máxima intimidad.
Por hablar de ejemplos tópicos, Ansel Adams fotografió naturaleza muerta, arquitectura, personas, pero su templo era Yosemite. Y fueron sus fotos de este Parque Nacional las que lo encumbraron, las que han trascendido. Cartier-Bresson se sentía él cuando, Leica en mano, deambulaba por la urbe en busca de instantes decisivos. Y posteriormente se dejó seducir por la pintura, que substituyó a la fotografía. Michael Kenna es capaz de establecer un contacto íntimo (casi personal) con un árbol, un lago, un paisaje y repite sus visitas una y otra vez.

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Pienso que, tanto en lo personal como en lo fotográfico, es importante descubrir lo que realmente le motiva a uno, aquel concepto, actividad o sujeto animado o inanimado, con el que conversa en su interior, con el que comparte emociones, con quien se relaja, con el que pasaría horas, días, sin aburrirse un solo segundo. Una vez hallado, captar su esencia se vuelve mucho más fácil.

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