Último viaje. Camboya

Posted on agosto 16, 2015

Battambang1

Acabo de llegar de un viaje familiar por Camboya. Aunque lo hemos hecho por libre, este tipo de viajes no permite una dedicación fotográfica suficiente. Te obliga a seguir una ruta más o menos predeterminada, no dispones de demasiado tiempo para quedarte en cada sitio y viajas acompañado, por lo que hay que respetar el espacio, tiempo y expectativas de la otra persona. Y falta tiempo, no tiene sentido acarrear con el equipo al completo. El trípode no sirve de gran cosa, y menos aún los filtros de densidad neutra. A lo sumo, un polarizador. En definitiva, no queda otra que fluir y ‘cazar’ lo que se ponga a tiro.
Fotográficamente, Camboya es la conjunción de templos, gente y arrozales.

 

Kep2
El paisajista deberá conformarse con los arrozales, que no siempre lucirán por culpa de un cielo que, casi a diario (al menos en la temporada de lluvias), es de un color blanco de difícil captura y edición. Algún día despeja y se torna azul con nubes blancas. Más a menudo se encapota para descargar rápidamente en forma de tormenta de agua cálida.
Para quien le guste fotografiar gente, Camboya es un paraíso. Los camboyanos, cuya población es mayoritariamente rural, conservan una cierta inocencia y una notable curiosidad por lo que viene de fuera. Saliendo del entorno turístico de Siem Reap y del caos de Phnom Penh, el visitante se convierte en un elemento extraño para el resto de camboyanos. Están abiertos a saber de ti y no les importa que los fotografíes en su día a día. El lenguaje es una barrera, pero su sonrisa es cautivadora.

 

Angkor1
Pero la joya de Camboya es el conjunto de templos de Angkor. Templos milenarios construidos por los arquitectos del imperio Jemer con bloques de arenisca maravillosamente labrados con motivos religiosos, guerreros y de la vida cotidiana por escultores de gran nivel. Estos templos fueron literalmente engullidos por la naturaleza. Recientemente algunos de ellos fueron rescatados y reconstruidos a modo de enormes rompecabezas.
A mi modo de ver, la fotografía de estos templos proporciona su máximo rendimiento cuando trabajamos el detalle o zonas muy limitadas. El entorno carece de relieve y sólo posee vegetación, y el cielo blanquecino tampoco ayuda. Por otra parte, a la hora de componer hay que sortear los chiringuitos, tuk-tuks y taxis situados junto a los templos, los niños vendedores que merodean por ahí y, sobretodo, las hordas de turistas que dejan pocos rincones solitarios. Quizás durante las horas del mediodía (de 12:30 a 14:30) hay menos gente, pero el sol (si despeja) está muy vertical y el terrible calor húmedo alcanza su cénit. En definitiva, un típico día camboyano con luz difusa por el cielo blanco invita más a la fotografía del detalle que a la integración del templo en su entorno.

 

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Una recomendación final. El calor húmedo es irritante e impide alcanzar el grado de concentración necesario para observar, componer y disparar. Paciencia, ‘keep calm’. Mejor ir bien protegido del sol, mantener un buen nivel de hidratación y terminar el viaje en la costa, por ejemplo en Kep. Allí también hace calor y la temperatura del mar se acerca a los 30ºC, pero la brisa marina permite recuperar las funciones vitales.


Mención especial. Durante nuestra estancia en Camboya me comunicaron el fallecimiento súbito de una de las personas a las que más he apreciado y admirado, Jaume de Caso, nombrado en la entrada de bienvenida de esta web. Recibe mi particular homenaje, querido Jaume.

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